lunes, 14 de febrero de 2011

A propósito del día del Amor y la Amistad...

Es una buena ocasión para leer detenidamente y meditar a la luz de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios en su capítulo 13.

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.

El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor.”

viernes, 11 de febrero de 2011

Nuestra Señora de Lourdes

Quiero compartir mi devoción a la virgen María por los muchos milagros que Jesús ha realizado gracias a su intercesión desde las bodas de Caná, cuando María dijo a los sirvientes: "Hagan lo que él les diga...", llevando a su hijo a realizar el primer milagro público del cual tenemos conocimiento.

Hoy hace seis años que fui testigo de uno de esos milagros con la recuperación de mi padre en un atentado en el que casi pierde la vida. Ese día, dos atracadores fueron a casa de mis padres, él recibió un disparo a quemarropa con una escopeta al lado derecho de su pecho. Prácticamente desangrado, con las costillas, músculos destrozados, una sección del pulmón y numerosas venas y arterias afectadas... así llegó a la clínica. Cientos de perdigones se regaron en su cuerpo y ninguno tocó un órgano vital, una arteria principal.
Una secuencia de hechos "fortuitos" y encadenados produjeron que el atracador no matara a mi madre al caérseles las municiones, que ella pudiera reaccionar ágilmente pidiendo ayuda, que mi padre pudiera ser llevado a tiempo a la clínica, que todos los médicos aparecieran oportunamente, que las intervenciones fueran exitosas y que contra todo pronóstico lógico-humano, él pudiera salvarse.

Yo no sabía, hasta unos años después, que ese mismo día se celebraba Nuestra Señora de Lourdes y que ese mismo día, decenas de personas oraban pidiendo por la sanación de mi padre. Hoy también celebro el nacimiento de una sobrina a la que, desde su gestación, he encomendado a la Virgen. Si Dios quiere, algún día contaré esos testimonios.

Las devociones a María tienen muchos nombres...yo pienso que son apodos cariñosos que cada pueblo puede dar a la misma madre y que se explican de acuerdo a cómo y cuándo la Virgen ha realizado su aparición. Aprovecho para publicar el relato de la historia de Nuestra Señora de Lourdes, tomado del portal de http://www.aciprensa.com/.

El 11 de febrero de 1858, en la villa francesa de Lourdes, a orilla del río Gave, Nuestra Madre, Santa María manifestó de manera directa y cercana su profundo amor hacia nosotros, apareciéndose ante una niña de 14 años, llamada Bernadette (Bernardita) Soubirous.

La historia de la aparición empieza cuando Bernardita, quien nació el 7 de enero de 1844, salió, junto a dos amigas, en búsqueda de leña en la Roca de Masabielle. Para ello, tenía que atravesar un pequeño río, pero como Bernardita sufría de asma, no podía meter los pies en agua fría, y las aguas de aquel riachuelo estaban muy heladas. Por eso ella se quedó a un lado del río, mientras las dos compañeras iban a buscar la leña.

Fue en ese momento, que Bernardita experimenta el encuentro con Nuestra Madre, experiencia que sellaría toda su vida, "sentí como un fuerte viento que me obligó a levantar la cabeza. Volví a mirar y vi que las ramas de espinas que rodeaban la gruta de la roca de Masabielle se estaban moviendo. En ese momento apareció en la gruta una bellísima Señora, tan hermosa, que cuando se le ha visto una vez, uno querría morirse con tal de lograr volverla a ver".

"Ella venía toda vestida de blanco, con un cinturón azul, un rosario entre sus dedos y una rosa dorada en cada pie. Me saludó inclinando la cabeza. Yo, creyendo que estaba soñando, me restregué los ojos; pero levantando la vista vi de nuevo a la hermosa Señora que me sonreía y me hacía señas de que me acercara. Pero yo no me atrevía. No es que tuviera miedo, porque cuando uno tiene miedo huye, y yo me hubiera quedado allí mirándola toda la vida. Entonces se me ocurrió rezar y saqué el rosario. Me arrodillé. Vi que la Señora se santiguaba al mismo tiempo que yo lo hacía. Mientras iba pasando las cuentas de la camándula Ella escuchaba las Avemarías sin decir nada, pero pasando también por sus manos las cuentas del rosario. Y cuando yo decía el Gloria al Padre, Ella lo decía también, inclinando un poco la cabeza. Terminando el rosario, me sonrió otra vez y retrocediendo hacia las sombras de la gruta, desapareció".

A los pocos día, la Virgen vuelve a aparecer ante Bernardita en la misma gruta. Sin embargo, al enterarse su madre se disgustó mucho creyendo que su hija estaba inventando cuentos -aunque la verdad es que Bernardita no decía mentiras-, al mismo tiempo algunos pensaban que se trataba de un alma del purgatorio, y a Bernardita le fue prohibido volver a la roca y a la gruta de Masabielle.
A pesar de la prohibición, muchos amigos de Bernardita le pedía que vuelva a la gruta; ante ello, su mamá le dijo que consultara con su padre. El señor Soubiruos, después de pensar y dudar, le permitió volver el 18 de febrero.

Esta vez, Bernardita fue acompañada por varias personas, que con rosarios y agua bendita esperaban aclarar y confirmar lo narrado. Al llegar todos los presentes comenzaron a rezar el rosario; es en ese momento que Nuestra Madre se aparece por tercera vez. Bernardita narra así esta aparición: "Cuando estábamos rezando el tercer misterio, la misma Señora vestida de blanco se hizo presente como la vez anterior. Yo exclamé: 'Ahí está'. Pero los demás no la veían. Entonces una vecina me acercó el agua bendita y yo lancé unas gotas de dicha agua hacia la visión. La Señora se sonrió e hizo la señal de la cruz. Yo le dije: 'Si vienes de parte de Dios, acércate'. Ella dio un paso hacia delante".

Luego, la Virgen le dijo a Bernadette: "Ven aquí durante quince días seguidos". La niña le prometió hacerlo y la Señora le expresó "Yo te prometo que serás muy feliz, no en este mundo, sino en el otro".

Luego de este intenso momento que cubrió a todos los presentes, la noticia de las apariciones se corrió por toda el pueblo, y muchos acudían a la gruta creyendo en el suceso, aunque otros se burlaban.

Entre el 11 de febrero y el 16 de julio de 1858 hubo 18 apariciones. Éstas se caracterizaron por la sobriedad de las palabras de la Virgen, y por la aparición de una fuente de agua que brotó inesperadamente junto al lugar de las apariciones y que desde entonces es un lugar de referencia de innumerables milagros constatados por hombres de ciencia.

lunes, 7 de febrero de 2011

Recordando a los maestros


Aprovecho lo candente de la discusión sobre el tema Educación para quitar las telas de araña de mi blog y rendir tributo a una de las profesiones más dignas y honorables, pero que en la práctica es de las menos reconocidas.

En mi familia existe la herencia del magisterio. Mi madre es educadora desde muy joven. A veces me encuentro con personas mayores que me dicen: “tu mamá fue mi profesora”. Me quedo mirando dudosa, pensando en la edad incierta en que ella comenzó y cómo esos alumnos se ven mucho más viejos que ella. Dos de mis hermanos y yo hemos seguido esos pasos dentro de nuestras respectivas profesiones y, desde jóvenes, hemos realizado labores desde la de alfabetizar y catequizar hasta la de enseñar a universitarios.

Mi abuela paterna, Clementina Núñez, a la que no conocí, fue maestra graduada de la escuela normal, alumna de Ercilia Pepín. En esa época, según me cuenta mi papá, la maestra de una localidad era a veces tanto o más respetada que el sacerdote y el alcalde. El maestro tenía la misma autoridad sobre los niños como la tenían los padres.

Yo tuve una maestra de la vieja guardia cuando yo estudiaba en sexto de básica, la Señorita Antonia Silverio. No podíamos llegar al aula despeinados, con las manos sucias o el uniforme mal puesto. Hacíamos una fila perfecta para el acto de bandera, al que nos enseñaron a rendir los debidos honores, recordando mantener una actitud solemne al momento del himno nacional. Al llegar a clases nos colocábamos al lado de las butacas y cuando la maestra llegaba a su escritorio, todos, al unísono decíamos “!buenos días Señorita Antonia!”.

Hay que decir que a la señorita Antonia todos los alumnos de básica le temíamos por su estricta disciplina. Nos enseñaba caligrafía Palmer, todos los viernes nos ponía a hacer ejercicios que facilitaban la movilidad de la mano. La buena caligrafía era un requisito para poder ir avanzando de curso. Si mal no recuerdo, yo tenía el tercer lugar en caligrafía, ostentando los dos primeros lugares mis compañeritos Domingo Antuña Cabral y Firelei Tavarez Fanini.

Debimos aprender a elaborar preguntas y a responder con perfecta gramática. Con ella aprendimos el Juramento Trinitario, el Himno a Juan Pablo Duarte. Leimos “Platero y yo”, “Enriquillo”…Todavía recuerdo las estrofas de “La llegada del Invierno” de Salomé Ureña de Henríquez, la cual había que saberse para el examen de expresión oral del primer cuatrimestre (Llega en buena hora, más no presumas… ser de estos valles, regio señor… que en el espacio mueren tus brumas, cuando del seno de las espumas, emerge el astro de esta región…).

La señorita Antonia nos hablaba de la pulcritud, la urbanidad y los buenos modales, los valores patrios, la geografía, la religión Católica, la literatura universal… Con ella aprendimos el Juramento de los Trinitarios. Ella nos preguntaba: “¿Quién ha sido el autor de la obra cumbre de la literatura?”, debíamos responder con toda la propiedad: "El autor de la obra cumbre de la literatura española fue Miguel de Cervantes Saavedra, también llamado el manco de Lepanto".

Como la señorita Antonia pasaron muchos maestros en mi vida que me enseñaron civismo, el respeto a los demás, el amor por la literatura, el deseo de defender los derechos humanos, el amor por las artes… pasaron maestros que vieron en mi más que una pequeña niña revoltosa e inquieta y que de alguna manera, lograban ver en cada uno de nosotros, sus alumnos, al futuro médico, la futura madre, al futuro presidente de la república… veían la grandeza incipiente de sus pequeños niños.

Hoy el maestro es olvidado. Los gobernantes no creen que la educación sea una prioridad. Los presupuestos se vuelcan hacia las inversiones de zonas francas, complejos turísticos, infraestructuras viales o tecnología fantasma que supuestamente se lleva a nuestras aulas. Los niños dominicanos son tratados y educados como si fueran excedentes de producción, sin valor.

Pero, como se dice, ¡la esperanza debe ser lo último en perderse! Debemos hacer nuestra parte, devolver tanto bien recibido, seguir el ejemplo de Jesús, el maestro de maestros, y honrar a nuestros próceres liberando a nuestra patria del yugo de la ignorancia y la pobreza.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Oda a la EÑE

A propósito de las nuevas reglas dictadas por la Real Academia de la Lengua Española. Para que ni se les ocurra quitarla...

Qué haría yo sin la EÑE,
una letra sin igual,
no existieran los Ñatos
los tiÑosos, el EspaÑol…

...no tuviéramos las maÑas,
las araÑas, con su saÑA,
los moÑos en las maÑanas
poder desenmaraÑar…

...el tiÑoso o buen tacaÑo,
sacar su buen siquiÑoco,
no comer un Ñame sabroso
o lanzar un buen coÑazo...

...darle muÑecas a las niÑas
un puÑetazo al fuÑón
decir Ñeco al del muÑón
o tumbar una piÑata...

...comer una buena piÑa
o curarme de raquiÑa
beberme un Brugal AÑejo
O simplemente gritar Ñá…

lunes, 18 de octubre de 2010

Sobre la comunión y por qué me preocupa que en el día de hoy haya visto tan poca gente comulgar en la iglesia.

¡Creo que llegó la hora de hacer algo! Hoy estaba en una misa abarrotada de gente, la fila para comulgar fue corta y duró relativamente poco, considerando la cantidad de personas que se encontraban en la celebración.

Es cierto que cada día, entre los católicos, existe una especie de tibieza espiritual que nos invade. En las liturgias, la poca expresividad e irreverencia son manifiestas. Más a menudo vemos que amistades y familiares son “bautizados” en alguna congregación de hermanos separados donde se les adoctrina en contra de la verdadera iglesia fundada por Cristo. Se “convierten” y se vuelven huérfanos de madre al negarse la hiperdulía a María.

¡Si conociéramos el valor de los sacramentos! ¡Si supiéramos lo que Dios nos regala a través de un solo bautismo y que por el mismo somos sacerdotes, reyes y profetas! Si supiéramos de corazón que la comunión nos une a Cristo, que a través de ella damos gracias y alabamos al Padre. Tenemos la responsabilidad de actuar para que nos enamoremos de nuestra fe, para proclamar y anunciar el reino, para hacer que nuestros hermanos se acerquen. Porque si sólo supiéramos… si sólo supiéramos… porque ni siquiera sabemos cuánto nos ama el padre.

Juan Pablo II, en su Carta Dominicae Cenae, 3, nos dijo: «La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración».

¿Qué nos pasa? Si supiéramos cómo nos acercamos a El a través de la comunión, nuestro pecho estuviera ardiendo como los discípulos de Emaús cuando Jesús les explicaba las escrituras. Hoy, la fila para comulgar hubiera sido interminable, talvez nos hubiéramos apresurado a recibir a Jesús en nuestro corazón una vez más. Los sacerdotes no hubieran dado abasto, las hostias consagradas no hubieran alcanzado.

Santa Teresa de Jesús, refiriéndose a la eucaristía, decía “Si cuando andaba en el mundo, de sólo tocar sus ropas sanaba los enfermos, ¿qué hay que dudar que hará milagros estando tan dentro de mí – si tenemos fe – y nos dará lo que le pidiéremos, pues está en nuestra casa? Y no suele Su Majestad pagar mal la posada si le hacen buen hospedaje” (lb 34.8)

¿Qué esperamos, entonces, para anunciarle y apresurarnos a su encuentro?

martes, 12 de octubre de 2010

Viaje a la luz

Hoy elevo una plegaria por los treinta y tres hombres atrapados bajo tierra en una mina en Chile.

Hoy, contra toda predicción humana, ha ocurrido un milagro a la vista del mundo entero

Sobreponer la solidaridad, desprendimiento, esperanza, fe, colaboración ante cualquier instinto de supervivencia y egoísmo humanos o de los comportamientos más bajos que afloran ante situaciones extremas, de alto riesgo... es el milagro que refleja el origen divino del hombre en contraposición a su naturaleza terrenal.

Ellos compartieron una ínfima ración de alimento, para dos días, y lo repartieron para sobrevivir durante más de dos semanas en la oscuridad, sin ni siquiera saber si serían hallados. Se han acompañado, han rezado, se han consolado... allá a más de 600 metros bajo tierra.

Han pasado más de dos meses y hoy, a pocas horas de ser rescatados, ellos se disputan para tomar el último lugar. El lugar del que afrontará los mayores riesgos y temores en su viaje hacia la luz.

Hoy pido a la virgen que acompañe a estos hombres en su trayecto y que, aunque estén a miles de kilometros y su drama haya sido rentabilizado por el circo mediático, nos han dado el mensaje de que aunque transitemos por caminos oscuros, el Señor siempre nos guía.

miércoles, 21 de julio de 2010

Ayiti cheri!


Acabo de regresar de Haití. Tenía casi seis años sin visitar esa tierra que amo como mía, que me ha adoptado como si fuera una hija más, a la que siento como si yo fuera diáspora en propio territorio insular.

Tanto escuché hablar del terremoto que fui preparada para ver lo peor. No obstante, fui vulnerable al escenario de la peor tragedia que pude haber presenciado: apatía, tristeza e indiferencia. Lo que hay sobrepasa el entendimiento, pues al sólo cruzar la frontera, invade el olvido y el abandono de haber dejado atrás a una tierra moribunda.

No me basta el conocimiento para vislumbrar una solución a lo que allí pasa. Me invade la impotencia de tal forma que hasta me llegué a preguntar si Dios podrá escuchar tantos clamores al unísono. En el silencio de mi corazón escuché la respuesta a ese cuestionamiento osado: "nunca pierdas la esperanza".