
Aunque su nombre corriente suene áspero y se piense que el mismo, cuando se ingiere sin madurar, embrutece a la gente, quisiera exponer algunas tésis – no probadas con el debido rigor científico - que reivindican al plátano.
Su versatilidad queda demostrada en las múltiples formas en que se puede preparar: Salcochado, frito, asado, en tostones, niditos, mangú (puré de plátanos verdes salcochados), bollitos de plátano, plátano al caldero, plátano amarillo frito, pastelón de plátano, etc. Se usa en la preparación de los pasteles en hoja, en el sancocho y me imagino que en toda otra variedad de platos. Se come a toda hora del día, mañana, tarde y noche. Al no ser el plátano una planta endémica de la isla, me imagino que si nuestros indios taínos se hubieran alimentado a base del mismo, hubieran podido hacer frente a los españoles.
Mi suegra, haitiana, me comentó su experiencia cuando comió el mangú por primera vez en la mañana de un día en el que regresaba a Haití por carretera (el viaje era de aproximadamente ocho horas y media), sólo me dijo, “c’est remplissant” explicándome con satisfacción de que había sido la comida que mejor la había sostenido para ese largo día. Cada vez que viene de visita le preparo su añorado mangú. Por eso, los obreros que van temprano a trabajar suelen desayunar plátano, ya que con un mísero panqueque no pudieran pasar seis horas trabajando de corrido hasta tomar su almuerzo.
No se sabido de nadie que se haya intoxicado comiendo plátanos, tampoco que haya adquirido alguna bacteria o ameba a través de la ingesta del mismo. Se ha dicho que el tanino del plátano verde embrutece, sin embargo, sí se ha demostrado científicamente que el de la uva (en el vino) es bueno para las arterias, me imagino que también lo debe ser el plátano. Por lo tanto, puedo deducir que el plátano verde es bueno para las personas que tienen problemas cardiovasculares. He visto casos de bebés intolerantes a la lactosa y a la leche de soya que en estados críticos de desnutrición han sido salvados milagrosamente a base de puro plátano licuado.
Si Michael Phelps (el medallista olímpico) hubiera vivido en República Dominicana, en lugar de comer panqueques, pizza y pasta, se tiraría su mangú de ocho plátanos con salami frito por la mañana, para suplir parte de las doce mil calorías que tiene que ingerir, ya que el plátano es energético.
Otra ventaja que tiene el plátano es que su ingesta no produce ningún efecto en cuanto a alterar los olores corporales de la persona, a diferencia del curry para los hindúes o de los platos de la comida árabe a base de cebolla, puerro u otro vegetal parecido.
Por último, aunque las musas lleguen vestidas de verde o amarillo y tenga que quitarle la cáscara para terminar de escribir, pueden buscar el resto en alguna enciclopedia donde apareceran informaciones más precisas e investigadas con los debidos métodos (escritas por estudiosos que se desayunan con “cornflakes”), explicadas de manera muy científica y bonita pero con menos reverencia.
Su versatilidad queda demostrada en las múltiples formas en que se puede preparar: Salcochado, frito, asado, en tostones, niditos, mangú (puré de plátanos verdes salcochados), bollitos de plátano, plátano al caldero, plátano amarillo frito, pastelón de plátano, etc. Se usa en la preparación de los pasteles en hoja, en el sancocho y me imagino que en toda otra variedad de platos. Se come a toda hora del día, mañana, tarde y noche. Al no ser el plátano una planta endémica de la isla, me imagino que si nuestros indios taínos se hubieran alimentado a base del mismo, hubieran podido hacer frente a los españoles.
Mi suegra, haitiana, me comentó su experiencia cuando comió el mangú por primera vez en la mañana de un día en el que regresaba a Haití por carretera (el viaje era de aproximadamente ocho horas y media), sólo me dijo, “c’est remplissant” explicándome con satisfacción de que había sido la comida que mejor la había sostenido para ese largo día. Cada vez que viene de visita le preparo su añorado mangú. Por eso, los obreros que van temprano a trabajar suelen desayunar plátano, ya que con un mísero panqueque no pudieran pasar seis horas trabajando de corrido hasta tomar su almuerzo.
No se sabido de nadie que se haya intoxicado comiendo plátanos, tampoco que haya adquirido alguna bacteria o ameba a través de la ingesta del mismo. Se ha dicho que el tanino del plátano verde embrutece, sin embargo, sí se ha demostrado científicamente que el de la uva (en el vino) es bueno para las arterias, me imagino que también lo debe ser el plátano. Por lo tanto, puedo deducir que el plátano verde es bueno para las personas que tienen problemas cardiovasculares. He visto casos de bebés intolerantes a la lactosa y a la leche de soya que en estados críticos de desnutrición han sido salvados milagrosamente a base de puro plátano licuado.
Si Michael Phelps (el medallista olímpico) hubiera vivido en República Dominicana, en lugar de comer panqueques, pizza y pasta, se tiraría su mangú de ocho plátanos con salami frito por la mañana, para suplir parte de las doce mil calorías que tiene que ingerir, ya que el plátano es energético.
Otra ventaja que tiene el plátano es que su ingesta no produce ningún efecto en cuanto a alterar los olores corporales de la persona, a diferencia del curry para los hindúes o de los platos de la comida árabe a base de cebolla, puerro u otro vegetal parecido.
Por último, aunque las musas lleguen vestidas de verde o amarillo y tenga que quitarle la cáscara para terminar de escribir, pueden buscar el resto en alguna enciclopedia donde apareceran informaciones más precisas e investigadas con los debidos métodos (escritas por estudiosos que se desayunan con “cornflakes”), explicadas de manera muy científica y bonita pero con menos reverencia.
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