Bill Clinton, en la convención de los demócratas, lanzó una frase espectacularmene significativa explicando que lo que más impresionaba al resto del mundo de los Estados Unidos era el “poder de nuestro ejemplo”, más que el “ejemplo de nuestro poder”, refiriéndose a cómo su nación ejercía influencia.
Esta expresión, no sólo se aplica a los Estados Unidos como nación, sino a nosotros como personas. Me pregunto: ¿de qué manera soy o puedo ser ejemplo para mi prójimo? No es fácil adquirir la consciencia de que en cualquier momento, podemos quebrar nuestra integridad con acciones que contradicen los principios que predicamos.
De guía, dejo este pequeño cuestionario:
¿Dices a tus hijos que sean honestos y siempre digan la verdad? ¿Cuántas veces, delante de ellos, has dicho “por favor, si llama Juana diles que estoy durmiendo”, cuando llama esa persona a tu casa?
¿Acaso te quejas de cómo maneja el otro pero cuando te puedes “volar” un semáforo en rojo a las 10:30 de la noche lo haces justificando que es peligroso pararse en esa esquina?
¿Criticas al gobierno por la corrupción sin embargo, cuando traes mercancía de importación te sientes que tienes derecho de subvaluar para evadir impuestos?
¿Acaso fuiste de los que sacaste “chivos” para pasar los exámenes cuando eras estudiante y a tu hijo/a le estás exigiendo que estudie?
¿Vas a la iglesia a rezar y a escuchar la palabra de Dios y te parqueas doble a la salida, impidiendo el paso a otro vehículo que está bien estacionado? Luego sales y criticas al motorista que anda sin casco.
¿Dices que eres responsable y llegas tarde a las reuniones, desperdiciando el valioso tiempo y la vida de otras personas, amparándote en que “la gente es impuntual y por eso yo llego tarde a los sitios”, dándote importancia?
¿Te llamas defensor del medio ambiente y en la empresa donde trabajas te das el lujo de desperdiciar materiales?
¿Criticas a tu amigo porque no puede dejar el cigarrillo pero eres adicto/a a la comida chatarra?
Escribo esto porque no puedo negar que, a veces, me invaden sentimientos de indignación, impotencia y decepción cuando veo esas situaciones en el día a día. Sin embargo, me animan personas que siempre han sido modelo para mí, sé que no todo está perdido y me queda la responsabilidad de emularles y de ser fuente de ejemplo para hacer un mundo mejor.
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