Hoy al mediodía, mientras iba de camino a buscar a los niños a la escuela, el policía de tránsito detuvo los vehículos para permitir que dos ancianitos, agarrados de mano de dos jóvenes, pudieran atravesar la calle. A esa hora tan congestionada, me imagino que los pobres ancianitos tenían rato en la calzada, esperando atravesar la calle. Cuando pude avanzar, pasé al lado de los viejitos y reduje la velocidad para ver la escena, los abuelitos apenas podían caminar y parecían salidos de una convalescencia en algún hospital cercano. Las jóvenes, en cambio, se veían rozagantes y llenas de energía, tenían unos peinados extravagantes, ambas con sus ropas bastantes ceñidas a sus cuerpos. Lo que me llamó la atención era ver que esas dos muchachas, que más bien parecían de la “vida alegre”, fueron las que tomaron a los ancianitos de la mano para ayudarles a cruzar. Ví que los viejitos les dieron las gracias y las chicas se devolvieron a cruzar la calle nuevamente, puede ser que para volver a sus ocupaciones normales.
Seguí de largo con el pensamiento de que las buenas acciones no son exclusivas, de que los ángeles pueden estar en todos lados con distintas vestimentas, y de que, no todo está perdido dentro de tanto egoísmo y falta de solidaridad. Este paréntesis alegró el resto de mi día y pude enfrentar los irrespetos del tránsito y las malas noticias de manera estoica en lo adelante.
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