Querido diario:
Hoy amanecí decidida a iniciar mi dieta. Anoche, saqué de entre los papeles el plan dietético que me había dado la doctora el año antepasado. Estoy muy entusiasmada, ya puedo visualizarme dentro de ese vestido rosado sin mangas que me queda tan juvenil.
El día transcurrió sin problemas, pude superar las tentaciones de lanzarme sobre los carbohidratos. Por un instante sentí un impulso de comer el resto de la cena que dejó la niña (“-es pecado dejar la comida”, pensé), sin embargo, pude contenerme.
Mañana será otro día…
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