Querido diario:
He saltado varios días de la semana porque no vale la pena mencionarlos. Me ha dolido mucho la cabeza últimamente y la verdad es que mi humor no me ha permitido escribir. ¿Por qué será que a cada sitio que voy tienen que estar brindando algo? ¿Por qué la gente tiene que estar preguntando tanto? Me fastidia la idea de salir. ¿Es que no hay otra cosa que hacer en la vida que no sea comer?
En el cenáculo, después del rosario: hay brindis
En todas las reuniones que voy (Emaús, Voluntariado, trabajo, junta de vecinos): hay brindis
Cuando una amiga me invita a salir: hay una comedera de por medio.
Cuando mi esposo me dice que invitemos a la casa: tiene que ser una cena con picadera
En el trabajo: almuerzos ejecutivos, galletitas, o los chocolates de quien regresó de vacaciones…
En las juntaderas de compartir: una parrillada, tacada, sancocho…
Reunión de mi promoción escolar: puerco asado, chivo…
A los cumpleaños donde llevo los niños: dulces, sodas, golosinas, pastel, palomitas, pizza, algodón de azúcar…
Y eso, que se inventó el aspartame y la dextroglucosa… Pienso "¿por qué a la gente se le olvida incluir las sodas “light” en los brindis? ". Debiéramos crear una institución parecida a Alcohólicos Anónimos (AA) pero para los Comedores Compulsivos Anónimos (CCA).
Lo peor de todo es que todas las libras que se agregaron suavemente, sé que tomarán semanas y meses de tortura.
GRRRRRRRR!!!!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario