lunes, 15 de septiembre de 2008

¿Mujer o mujer “maravilla”?

Francamente no creo que haga nada extraordinariamente distinto a ninguna de mis amigas, por lo que, a veces pienso que nos hemos convertido en una generación de mujeres maravillas, o por lo menos, así me siento.

En la época de mi abuela, las mujeres no terminaban la escuela. Era más que suficiente para seguir adelante conocer los rudimentos del buen quehacer doméstico y de la crianza de los hijos, ocuparse del hogar y acudir a la iglesia regularmente, saber rezar el rosario y cumplir con todas las obligaciones “sociales” de la época como acudir a las novenas, fiestas patronales, festividades cuaresmales, los bautizos, primeras comuniones, bodas, entre otros.

Presente, año 2008… Un día típico para mí, hoy:
Por la mañana hago café y me despierto (necesariamente en ese orden porque inicio las incesantes ingestas de cafeína para poder mantener el ritmo), leo el Rayo de Luz, levanto y preparo los niños, les hago desayuno y los despacho para la escuela. A veces Mini reunión con mi esposo sobre los pormenores del día.

Me preparo y voy al trabajo. Dirijo una fábrica y estoy realizando la planificación financiera de la misma (apoyada en una maestría que hice en la universidad cuando ya estaba casada y con un hijo – la segunda nació durante la maestría). Entre una cosa y otra, coordino una convivencia que para el Voluntariado Jesús con los Niños (organización sin fines de lucro en la que sirvo y también formo parte de su directiva). Me encuentro organizando el cumpleaños de mi hija, Isabelle. Como la cosa anda un poco crítica, yo misma preparo las “funditas”, los regalitos, la decoración, las invitaciones, etc. Tengo que hacer una diligencia en el banco, ordenar una transferencia bancaria a un suplidor en el extranjero y realizar unos depósitos. En la fábrica, hoy trabajo con los documentos que deben ser entregados al contable. Realizo una planificación de la tesorería para las próximas seis semanas, rezando para que las previsiones en cuanto a los ingresos de efectivo no se me caigan.

Recojo a los niños en la escuela, incluyendo la vecinita de enfrente. Escucho música en el embotellamiento que se produce en el parqueo de la escuela, respiro profundamente… no puedo caer presa de la desesperación pues ya tengo casi media hora por salir del tapón. Los “educados” padres de los niños que estudian en ese exclusivo recinto escolar se comportan como bestias salvajes a la hora de salir del estacionamiento. Estoicamente doy el buen ejemplo a mis hijos para que ellos puedan entender el concepto de integridad. No insulto, cada vez que alguien me hace una trastada digo “!qué Dios lo bendiga!”, talvez el mundo pueda cambiar un poco de esa forma.

Acompaño a los niños a almorzar, verifico sus deberes y los oriento. Dejo dispuesto el almuerzo de mi esposo, Philipp, a veces no puede acompañarnos pues se queda trabajando en la fábrica.

Preparo mi clase para un curso que estoy dando en maestría, “Finanzas para no Financieros”, mis estudiantes nunca han visto Contabilidad ni Finanzas, por lo que trato de que mi clase sea interesante y amena. Reviso los casos de estudio que pondré en la clase siguiente. Entre un caso de análisis financiero y otro, chequeo que la tarea de Psicolinguística o de Ciencias Naturales estén bien hechas. Dispongo de la cena.

Entre las diferentes tareas del día, saco tiempo para planificar la comida, hacer compras, pagar el agua, luz y teléfono, grabar un CD con música, hablar con los profesores de los niños, hablar con mis amigas, llamar a casa de mis padres para saber cómo están.

Voy a clases de música pues tengo que “sublimar” esta vocación frustrada después de adulta. Acudo brevemente a una reunión del comité de Recaudaciones del Voluntariado. Esa misma tarde tenía otro compromiso pero decido que no puedo llevar tantos “cartones”.

Llegó la noche y con ello la hora de pretender. Pretendo que no estoy cansada y preparo de cenar a los niños, veo que se bañen y pongan la pijama. Pretendo que no he hecho nada durante el día para sentirme “joven, bella y aplaudida” y no mostrar los sinsabores del día. Corro hacia la computadora para chequear mi Facebook (féisbuk).

Termino de armar las funditas del cumpleaños, practico algunos acordes de guitarra y una canción de las que me gustan “Yo vengo a ofrecer mi corazón” o “Hoy quiero dar gracias” para botar el golpe. Talvez tenga tiempo para ver un pedazo de mi serie favorita Law and Order SVU o ver un episosio repetido de Sex and the City imaginándome que soy la más intrépida de los personajes de esa serie (Samantha Smith). De paso hay que chequear los noticiarios para ver en qué andan las tormentas y huracanes intercalando esas noticias con las convenciones demócrata y republicana. Parece que Palin le dió el "palo" a Obama.

Mañana tengo reunión del voluntariado a primera hora… debo tener los contenidos de las charlas listos, el programa y las minutas listas. Ya debo ir buscando un sustituto para el sábado en la mañana para el juego de pelota del equipo de mi hijo, ya que asisto al manager porque – aparte, también soy coach de baseball para mi hijo - estaré en la convivencia. Rezo para que no llegue ninguna invitación de cumpleaños o de reuniones en la semana.

Doy gracias a Dios porque tengo salud para todo eso y porque soy hiperactiva pero me reprocho a veces porque creo que todavía siento que pierdo el tiempo…

1 comentario:

Unknown dijo...

Qué chulo tu blog Raquel!
Una pregunta... Entonces yo voy corriendo a la velocidad de un rayo en esa misma dirección? Con el mismo sentimiento de que no estoy dando lo suficiente? Bueeee!