Esta mañana me tocó hacer la homilía en una actividad de la iglesia a las 6:00 am. Voy a compartir públicamente la guía que escribí y que fue fruto del curso de reflexión de las lecturas del día de hoy, las cuales se encuentran citadas dentro de la misma. Me animé a publicarla luego de que una amiga me pidió que se la enviara. Espero que el mensaje pueda llegar a otros.
A pesar de nuestro origen divino, nuestra condición humana nos hace esclavos del pecado.
Vivimos bajo el apego hacia las cosas materiales: el dinero, la ropa, los objetos, propiedades, un carro, una casa, la comida, los distintos placeres, una posición en un trabajo… Aún nos apegamos hacia cosas que pensamos no son materiales y lo son: el reconocimiento, el poder… Todas nuestras debilidades nos impulsan al pecado, como dice la palabra “eso que habita en mí… en mi carne” (Romanos 7, 18-25).
Esa condición es la que nos lleva, además, a prestar atención a los signos terrenales (como menciona - Lucas 12,54-59 - en su evangelio). Podemos predecir cambios climáticos que ocurrirán en 100 años, movimientos astrales, desplazamientos de la corteza terrestre o evolución de las especies animales del planeta. Tenemos “conocimientos” para saber cómo se comportan los mercados, la economía o la política y, podemos inclusive, decir cómo reaccionarán poblaciones enteras ante cambios sociales, económicos o políticos.
Jesús nos reprocha en el evangelio que estemos tan pendientes de todos los signos terrenales y nos invita a descubrir, entender e interpretar aquellas señales que son las que nos encaminan hacia la promesa de la vida eterna. Conocer a Dios, ser instruido en sus leyes, y recibir los dones del Espíritu Santo son la vía para entender cuáles signos deben guiarnos y, por consiguiente, actuar en coherencia con esos principios para poder ser liberados del yugo del pecado.
Que el Señor, en el día de hoy, derrame sus dones sobre nosotros, en especial el don del discernimiento, para conocer cuáles signos deben guiarnos en el camino hacia la salvación eterna. Amén.
1 comentario:
Hermana, muy atinada y como dicen por ahí, me puse el sombrero, el seguir a Cristo de corazón no ocurre de la noche a la mañana y es un ejercicio diario para no caer en rutinas de caracter o simplemente de pensamiento que nos alejan de El y sus enseñanzas.
Que su luz bendita nos ilumine y se manifieste en nosotras, no somos buenas por nosotras mismas, sino porque dejamos que El actúe a través nuestro. un abrazo
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